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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Perdidumbre

Te perdí. ¿Cómo te encuentro? ¿Cómo nos encuentro?

No hablo de volver a ser. No. Esa quimera hace rato que no me seduce. Aprendí que el retorno es imposible. Lo único que hay es infinitos porvenires. A lo más que podemos aspirar es a que ese adelante que creemos de entre tantos nos reconforte como algún atrás supo hacerlo. Si tenemos suerte, y trabajamos mucho, quizá sea aún mejor que el pasado. Si no, el esfuerzo igual vale la pena.

Porque esa mierda de que todo lo que pasó fue mejor tampoco me la creo ya. Lo dejo para las novelas o los tangos. El mejor tiempo siempre es el presente, porque es el que podemos cambiar. Lo que no es factible de ser modificado es invariable, y sin dudas te hace perder algo: la libertad o la cabeza.

Te perdí. ¿Y si no te encuentro? ¿Y si no nos encontramos?

Quizá lo errado sea el concepto de “perder” a alguien. Para perderlo, antes tiene que ser tuyo. Y esa mentira imposible neurotizante que nos venden también me cansó, a fuerza de dolores y de chocar contra (mis) paredes una y otra vez.


Es difícil buscar con los ojos borrosos, pero más aún lo es hacerlo con el corazóncabeza cerrado. Si se trata de abrir puertas, no podemos clausurar caminos.

miércoles, 16 de julio de 2014

La frontera

“This is Major Tom to Ground Control
I'm stepping through the door
And I'm floating
in a most peculiar way
And the stars look very different today”

Quien explora se aventura más allá del límite que todos nos ponemos. La frontera humana ; pocas veces se vuelve de la frontera.a nueva imagen, un nuevo pensamiento, un lse expande así: valientes hacen el salto al vacío que no podemos hacer los demás. Se arriesgan a perderlo todo para que todos ganemos algo: una nueva imagen, un pensamiento original, un límite jamás cruzado.

Explorando se abre el juego, se inauguran mundos, se explotan microbigbanes.

Quien explora se sacrifica; pocas veces se vuelve de la frontera. Abundan las fieras, la tierra árida, la mirada perdida en un horizonte justo fuera del alcance de la mano; así, la vida tiene un valor que es a la vez muy poco e infinito, porque rebajar el precio de la propia existencia es lo que lleva a protagonizar los momentos que más valor le dan. Y más allá de los terrores, del vacío y el frío, en ese locus terribilis abunda la esperanza, también.


Porque no existe frontera sin esperanza. Al fin de los lugares, a ese aleph empujable, sólo se llega así.